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MUJER, MAIZ Y RESISTENCIA
México, 2011

Actos de resistencia

Julio Pantoja, fotógrafo argentino, nos ha regalado un trabajo hermoso, importante, y conmovedor. Mujeres, maíz y resistencia nos presenta a mujeres mexicanas de todo tipo -la mujer chamula de Chiapas, la artista de performance, la doctora de genética, las zapatistas, actrices de cine, y guías de turistas entre otras- que tienen algo en común: el reconocimiento del valor incalculable del maíz originario de México y la lucha por protegerlo frente a las fuerzas comerciales que lo amenazan, especialmente la variantes transgénicas producidas por corporaciones trasnacionales. México, nos hace presente esta colección, es originalmente de esta zona. El Popul Vuh y los textos sagrados de los mayas y los aztecas reconocen la preeminencia del maíz: somos hombres de maíz. El lenguaje científico de hoy nos dice los mismo: somos lo que comemos. La identidad y porvenir de los mexicanos, dicen activistas como Jesusa Rodríguez, están íntimamente ligados al maíz. Como dice una de las activistas en este trabajo, "sin maíz no hay país." ¿Cómo es, pues, que el maíz originario se esté acabando en México, reemplazado por un producto tan destructivo?

Pantoja capta tanto la diversidad de las mujeres como las luchas que comparten. El lienzo, bordado por artesanas de la comunidad de Tanivet, Oaxaca, funciona de trasfondo para cada una de las imágenes. Bordado al estilo de las arpilleras en Chile, los cuadritos grafican las diversas tareas de la siembra , el cuidado y la cosecha de la milpa. Las montañas, la tierra, las nubes, los árboles indican la centralidad de la naturaleza. Para enfatizar esta dimensión, tal vez, el autor retrata a muchas de las mujeres afuera, al aire libre. El lienzo las acompaña tanto en las calles urbanas como en el campo y el caracol zapatista. La manta blanca es un homenaje a los pañuelos de las Madres de la Plaza de Mayo que continúan su la lucha por derechos humanos en Argentina. Estas imágenes nos recuerdan que hay una larga tradición de mujeres luchadoras. La mujer sale del espacio doméstico para llamar atención al rol protagonista que ha desempeñado durante los siglos. El lienzo, irónicamente, esconde esta realidad—los cuadritos, como tanta representación, se enfocan en el papel de los hombres. Pero las mujeres enfrente del lienzo cuentan otra historia, muestran otra realidad. El acto fotográfico de Pantoja también es activista—no permite que las mujeres queden encajonadas en este sistema patriarcal de representación.

Esta estrategia de sacar el estudio fotográfico afuera, usando un paño blanco de fondo, caracteriza las dos colecciones recientes de Pantoja: Las madres del monte (2007) y ésta. Además de captar el espacio de lucha de muchas mujeres, Pantoja invierte el sistema tradicional del estudio fotográfico. Los interiores de estos estudios en Latinoamérica, con sus fondos pintados, muestran una clase media y alta que puede pagar para controlar y perpetuar su imagen. Los equipos fotográficos tan grandes y pesados del siglo XIX y XX imposibilitaron en muchos casos la fotografía de gente común y corriente, especialmente fuera de las áreas urbanas. Fotógrafos itinerantes iban de pueblo en pueblo, quedándose unos días para satisfacer demandas de clases adineradas locales. Algunos fotógrafos viajaban en burro al interior de los países, a veces con fines comerciales pero mas a menudo por intereses etnográficos. Pantoja nos hace memoria de esta historia, y juega con ella. Él, como fotógrafo itinerante, va a los pueblos y a las montañas con su lienzo blanco para dar visibilidad a luchas actuales que va a determinar nuestro futuro. ¿Quién determina que comemos y, por ende, quienes somos? Este trabajo en sí es un acto de resistencia.

Diana Taylor
Directora del Instituto de Performance y Política
New York University